La caligrafía china es una rara y exótica flor en la historia de la civilización y una joya sin igual en la cultura oriental. En su aspecto gráfico, se la puede comparar con la pintura por su capacidad para despertar emociones mediante la rica variedad de sus formas y rasgos. Como arte abstracto, se manifiestan en toda su pureza el ritmo y la armonía musicales. Todo ello sumado a una parte práctica: es una forma de escritura.
La escritura constituye la representación palpable de la lengua hablada. Dentro de los caracteres chinos podemos establecer seis categorías: (1) Hsiang hsing, representación gráfica directa; (2) Chih shih, expresión simbólica de ideas abstractas; (3) Hui yi, combinación de elementos gráficos concretos y expresión simbólica de abstracciones; (4) Hsing sheng, combinación de elementos fonéticos y pictóricos; (5) Chia chieh, carácter empleado únicamente a causa de su valor fonético para representar un homófono o casi homófono con el que no guarda relación, (6) Chuan chu, carácter que ha adquirido un nuevo significado, lo que ha hecho necesario asignar al significado primitivo una nueva grafía o modificar la que ya tenía. Estos métodos de formación de los caracteres chinos reciben el nombre de Liu Chu o los «Seis métodos de escritura». Usando como instrumentos los «cuatro tesoros del estudio» (wen fang szu pao), a saber, pincel, tinta en barritas, papel, y piedra de entintar, y valiéndose de los trazos, los calígrafos chinos han desarrollado a lo largo de los siglos innumerables estilos de escritura. Esta inmensa variedad, no obstante, se puede clasificar en cinco grupos básicos: Chuan Shu, escritura de sellos; Li Shu, escritura administrativa; k’ai Shu, escritura normal; Hsing Shu, escritura rápida; Ts’ao Shu, cuyo significado literal es «escritura de hierba», pero suele denominarse cursiva. En el estilo propio de los sellos, los trazos, tanto horizontales como verticales, son delgados, uniformes, enérgicos y tienden a terminar en punta. El momento de máximo desarrollo de este estilo coincidió con la dinastía Ch’in (221-207 a. de C.), época en la que se dieron dos variedades principales: Ta Chuan (estilo mayor) y Hsiao Chuan (Estilo menor). Nos han quedado numerosas muestras del estilo mayor en inscripciones realizadas sobre piedra en forma de tambor (shih ku wen) y vasijas de bronce como las Ch’in Kung Kuei. El estilo menor se caracteriza por sus formas sinuosas, estilizadas, cuidadas y enérgicas, en contraste con el estilo mayor, menos refinado. Li Szu, destacado ministro de la dinastía Ch’in, legó a la posteridad la inscripción de la piedra de Tai Shan que constituye un modelo inigualado del estilo menor de escritura de sellos. El estilo administrativo surgió debido a la necesidad de una forma de escritura rápida que permitiese atender el ingente volumen de documentos oficiales. Ch’eng Miao, carcelero de la dinastía Ch’in, desarrollo este estilo claro y regular a partir de la escritura de sellos, sus características más destacables son las líneas rectas en sentido horizontal y vertical y su solidez. El estilo administrativo resultaba mucho más cómodo que la escritura de sellos y con él se ahorraba muchísimo tiempo. Contribuyó también al progreso de la erudición en China. La escritura normal, K’ai Shu, se desarrolló durante la dinastía Han (206 a. de C.-220 d. de C.) tomando como modelo la escritura administrativa. Su nombre actual es «escritura normalizada» (cheng k’ai) Al ser más cómoda que la escritura administrativa, se convirtió en la escritura habitual para las necesidades cotidianas Han. Su momento culminante llegó en época de la dinastía T’ang (618-907). Hubo destacados calígrafos, como Yen Chen-ch’ing (705-785), que crearon sus propias escuelas de escritura normalizada con trazos enérgicos y definidos y que dejaron una huella duradera en la historia de la caligrafía china. La escritura rápida ocupa una posición intermedia entre la escritura normalizada y la cursiva. No es tan angulosa como la grafía administrativa ni tan redondeada como la escritura de sellos. Quizás la mejor forma de describirla sería como variante de la escritura regularizada. Toma su nombre de la rapidez de su ejecución. Su desarrollo suele atribuirse a Liu Teh-sheng de la dinastía Han oriental (25-220). Chung Yu, de la dinastía Wei (220-265), realizó ciertas modificaciones. Posteriormente, los dos maestros calígrafos de apellido Wang de la dinastía Chin oriental (317-420), Wang Hsi-chih y Wang Hsien-chih, la llevaron al máximo de su desarrollo, tras lo cual se popularizó. Es una grafía muy práctica cuando no se dispone de mucho tiempo. Los ejemplos de este tipo de escritura a lo largo de la historia son verdaderamente innumerables. La muestra más antigua que ha llegado hasta nuestros días es una versión del Prefacio al «Pabellón de la orquídea»(lan t’ing hsu) de Wang Hsichih. Existen múltiples variedades de la escritura cursiva o «de hierba», algunas de las cuales son combinaciones con otros estilos, como por ejemplo la cursiva de sellos y la escritura administrativa. Existe también una «cursiva informal» (k’uang ts’ao). Los rasgos comunes a la s diversas variedades son: estructura simplificada, trazos unidos, líneas realizadas apresuradamente y con soltura, y escas legibilidad. Existe un proverbio chino que es el que mejor expresa la belleza de este tipo de letra: «La escritura se detiene pero el significado continúa. Se abandona el pincel, pero su poder es inagotable». De los cinco etilos de escritura china, la cursiva es la que más se aproxima al arte abstracto. Entre los calígrafos que más han destacado en el terreno de la cursiva a lo largo de la historia, que lograron ordenar el caos aparente de esta forma de escritura, y que fundaron sus propias escuelas, figuran Wang Hsien-chih de la dinastía Chin oriental y huai Su (725-785) de la dinastía T’ang. Entre los contemporáneos, hemos de citar a Yu Yu-jen (1879-1964). La caligrafía china no es tal sólo un instrumento práctico de la vida cotidiana sino que está integrada, junto con la pintura, en una de las tendencias más significativas de la historia del arte chino. Gente de todas clases, desde emperadores hasta campesinos, ha coleccionado ávidamente trabajos de caligrafía. Y las obras de caligrafía no se destinan únicamente a pergaminos o a enmarcarlas para colarlas en una habitación o en un estudio. Se encuentran por todas partes: en los carteles de las tiendas y de las oficinas de Gobierno, en monumentos y en inscripciones sobre piedra. Todas estas muestras de caligrafía china poseen un gran valor artístico. hoy,al igual que antes, los calígrafos suelen ser hombres de letras y artistas al mismo tiempo. Sus trabajos de caligrafía pueden ser versiones de poemas, letras de canciones, pareados y cartas tanto suyas como de los grandes maestros. Los beneficios físicos y espirituales que aporta la caligrafía a quien la practica son múltiples. Es una buena forma de infundir paciencia, disciplina y perseverancia. Gracias a esto, han sido muchos los calígrafos chinos a lo largo de la historia que han gozado de una vida larga y rica. El ejercicio de la caligrafía puede llegar incluso a refinar la personalidad y cambiar la forma de ver la vida. Por todos estos motivos, los estudiosos chinos han atribuido siempre una gran importancia a la caligrafía. En la República de China en Taiwan, es una de las asignaturas más importantes, lo mismo la escuela primaria que en la secundaria e incluso en niveles posteriores. Las asociaciones caligráficas gozan de gran aceptación en todo el país y son varias las fundaciones que prestan su apoyo a esta disciplina. Otra forma de fomentar y mantener con vida este arte son las competiciones dotadas con premio en metálico. Es motivo de satisfacción el saber que en el mundo tecnológico de nuestros días la caligrafía china sigue despertando interés y entusiasmo en la sociedad. A lo largo de miles de años, los beneficios que reporta el arte de la caligrafía china a la formación de la personalidad y a la expresión intelectual no se han quedado reducidas a las fronteras de este país. La caligrafía china pasó a formar parte de las culturas de Japón, Corea y otros países del sudeste asiático, que desarrollaron sus propias escuelas y estilos. Desde la Segunda Guerra mundial, también los países occidentales han experimentado la influencia de la caligrafía china. Una buena muestra de la destacada posición que esta ocupa en el panorama artístico internacional es una exposición de pintura «Cobra» celebrada en Escandinavia en 1948. El autor de las obras que se mostraron en aquella ocasión se había inspirado en la caligrafía china practicada en Japón. El Portal de los Peritos |