La Conservación de Obras sobre Papel

1. Restauración y conservación. Breve reseña

Por lo general, se entiende por restauración a cualquier intervención realizada para devolver la eficacia a un producto de la actividad humana.

A través de la historia, las restauraciones realizadas en las obras de arte buscaban la actualización estética e iconográfica de éstas, tratando de adaptarlas a los gustos e ideologías de una época, cambiando por lo general sus valores estéticos e históricos, e inclusive materiales, alterándolos y degradándolos la mayoría de las veces. Pero a partir del siglo XVIII y a través del XIX, se comienza a ver la obra de arte como un documento con importancia histórica y valores estéticos, por lo que los criterio y metodologías de intervención cambian y tratan de adaptarse a esta nueva visión.

Se producen a partir de entonces enfrentamientos y debates al tratar de regular los trabajos que hasta ahora se venían realizando. Surgen entonces, en el siglo XIX, dos grandes tendencias que definirán las posturas seguidas durante el siglo XX: en primer lugar estaban los seguidores de la “restauración radical”, quienes se planteaban una recuperación total de origina, y por el otro los defensores de una “intervención mínima”, que trataba de conservar lo que del original había llegado a nosotros, con sentido, si se quiere, más arqueológico.

Ya en el siglo XX, los debates y polémicas en torno a estas dos posturas continúan. Se realizan congresos internaciones en los que intervienen cada vez más profesionales especializados que tratan de aclarar los errores y desmanes que hasta el momento se han venido realizando con las obras de arte y comienzan a verse estas como objetos con valores estéticos, históricos, educativos, documentales e inclusive económicos.

Surgen así varios documentos donde se hace referencia a la ínter disciplinariedad entre la conservación y la restauración, como lo son: la Carta de Atenas, o Carta del Restauro (1933), la Carta de Venecia o Carta Internacional sobre la Conservación y Restauración de los Monumentos y de los Sitios (1964), la Revolución de Santo Domingo (1974), la Carta de Machu-Pichu (1978), la Complementación de la Carta de Venecia (1983), la Carta Italiana del Restauro )1987).

Todos estos documentos tratan de hacernos entender que el principio fundamental consiste en que antes de realizar cualquier tipo de intervención en un objeto, es necesario llevar a cabo un estudio de sus características y condiciones físicas, así como también de sus valores estéticos, iconográficos e históricos; partiendo de una visión interdisciplinar entre varios especialistas (científicos, historiadores, restauradores, etc.), para poder tener así una visión global y completa del objeto y manteniendo siempre la intensión de la mínima intervención posible, anteponiendo en primer lugar el sentido de conservación, utilizando materiales y técnicas reversibles y estables, compatibles con los de la obra para evitar que se produzcan nuevos daños. De esta forma podemos transmitir al futuro el objeto en las mejores condiciones, sin alterar o desvirtuar su integridad.

De todo lo expuesto anteriormente podemos concluir que tanto la conservación como la restauración se complementan, pero por lo general la restauración surge como consecuencia de la ineficacia o ausencia de los medios preventivos. Y el mejor camino para conservar la integridad de los objetos es a través de la prevención del deterioro o como se le suele llamar hoy en día: “conservación preventiva”.

 

2. Conservación Preventiva. Definición

“Operaciones de la conservación que se ocupan de aplicar todos los medios posibles, externos a los objetos, que garanticen su correcta conservación y mantenimiento”. La conservación preventiva se ocupa principalmente del control de las condiciones óptimas externas al objeto como lo son la humedad, temperatura, iluminación, manipulación, almacenaje, montaje y control de plagas.

Al lograr mantener estas condiciones en los valores normales, podemos garantizar una vida estable para los objetos, y evitar de esta forma realizar intervenciones que siempre alteran su estado original. Sin embargo, hay que tener en consideración que en algunos casos se hace imprescindible una intervención o restauración que ayude a restituir la integridad estética del objeto, convirtiéndose de esta manera en una “conservación curativa”, como por ejemplo la laminación y consolidación de un documento.

2.1 Humedad y humedad relativa

El papel, como la mayoría de los objetos, es sensible a las variaciones de humedad, principalmente por su carácter higroscópico; por lo que es necesario medirla, controlarla y estabilizarla al máximo. La humedad relativa (HR) es la que por lo generalmente se maneja en el control ambiental y se emplean higrómetros para su medición. Los valores extremamente altos de HR hacen que la celulosa del papel se degrade y descomponga debido a la proliferación de organismos y afecta de igual manera la composición de las tintas. Por el contrario, los bajos niveles de humedad, acompañados con altas temperaturas, aceleran el envejecimiento natural del papel que se amarillea y resquebraja.

Las variaciones de HR causan alteraciones dimensionales y estructurales en el papel, además de reacciones químicas y de ataques biológicos. Por su naturaleza higroscópica, el papel se hincha cuando absorbe humedad y se encoge cuando se seca, apareciendo fisuras y distorsiones e incluso su designación , los altos niveles de HR pueden causar también cambios químicos como por ejemplo la aparición de pequeñas manchas marrones conocidas como foxing o picaduras de herrumbre., que no son otra cosa que óxido de hierro en el papel, producidos por la reacción a la humedad de las sales de hierro contenidas como impurezas en el mismo.

En las condiciones teóricamente ideales podría establecerse como límite mínimo, tomando en cuenta la respuesta de los materiales orgánicos higroscópicos ante las variaciones de la HR en el aire, en un 45 % de HR, y como límite máximo, considerando el favorecimiento para la proliferación de microorganismos, en un 65 % de HR. Entonces podemos decir que los valores óptimos para la conservación de la mayoría de los objetos de carácter orgánico son de 55 % de HR, +/- 5 %, a una temperatura de 18° C. Para el caso de Venezuela, se sugieren rasgos de 50 – 60 % de HR.

 

2.2 Temperatura

Está estrechamente relacionada con la humedad y actúa retardando o acelerando la actividad biológica y las reacciones químicas. Los incrementos en los niveles de temperatura pueden ser causados por el calor proveniente de los inadecuados sistemas de iluminación usados durante las exposiciones, largas exposiciones a fuentes de luz natural provenientes de ventanas o artificiales usadas durante largos per{iodos de examinación o simplemente por un mal funcionamiento en los sistemas de enfriamiento y ventilación.

Las altas temperaturas pueden influir en el descenso en los niveles de HR, produciendo un secamiento de los substratos, medias y adhesivos, causando deformación y craqueladuras. El nivel aconsejado es de 18° C, pero por lo general se recomiendan temperaturas entre 16° y 21° C., y de 19° y 21° C., para el caso de Venezuela.

Deben evitarse las fluctuaciones bruscas de las condiciones de temperatura y humedad relativa, tratando de mantener lo más posible la estabilidad a largo plazo de las condiciones ambientales. Cualquier cambio en las condiciones ambientales, dentro de los niveles sugeridos, deberá ser pequeño y gradual.

  • Las áreas de depósitos deberán estar dotadas de un sistema de aire acondicionado que proporcionen un nivel estable de temperatura, así como filtros para controlar los niveles de polución.
  • En el caso de no poseer un sistema de aire acondicionado se debe garantizar una buena circulación de aire mediante el uso de adecuado de ventanas y ventiladores.
  • Deben emplearse deshumidificadores o humidificadores para reducir o aumentar la humedad en áreas críticas de los depósitos.
  • Emplear sistemas de aislamiento térmico para reducir la absorción del calor y usar persianas o filtros en las ventanas para evitar el sol directo.

 

2.3. Iluminación

La iluminación, sea esta natural o artificial, y los diferentes tipos de radiación relacionadas con ella, posee un alto poder degradante especialmente sobre materiales inestables. La radiación infrarroja (IR) se caracteriza por los efectos térmicos que produce y las subsecuentes reacciones físicas y químicas que pueden producir, ya que por lo general aumentan los niveles de temperatura, produciendo pérdida de humedad en los papeles, oscureciéndolos y alterando algunas medias. En el otro extremo se encuentra la radiación ultravioleta (UV), la cual posee la suficiente energía ara ocasional descomposiciones químicas en los materiales mas inestables, principalmente las sustancias orgánicas, colorantes y algunos pigmentos.

Los daños por luz son irreversibles y acumulativos, ya que no existe un intervalo de tiempo exacto durante el cual se pueda exponer una obra sin que se acelere el proceso inevitable de deterioro, aunque éste sea imperceptible o no.

Los niveles recomendados de exposición a la iluminación y las recomendaciones para el control son las siguientes:

  • Algunos objetos moderadamente sensibles a la acción de luz como grabados en blanco y negro y ciertos materiales de archivo: máximo 150 – 200 lux.
  • Objetos particularmente sensibles a la acción de la luz como acuarelas, pasteles, estampas, dibujos, manuscritos, papeles pintados, pigmentos de origen animal o vegetal, grabados en color y guaches: máximo 50 lux.
  • El almacenamiento ideal es la oscuridad.
  • La radiación UV puede ser controlada usando filtros UF 3 Plexiglas, que la reducen en n 95 – 98 %.
  • Reducir los niveles de intensidad.
  • Reducir la duración a la exposición de fuentes UV.

La radiación visible, que causa oxidación y decoloración, solo puede ser controlada por la reducción en los niveles de intensidad luminosa y tiempos de exposición a la fuente de luz. Los filtros para UV no controlan los daños causados por la radiación visible.

El principal problema de la radiación infrarroja (IR) es cuando ésta se convierte en calor. La IR puede ser controlada, controlando la intensidad, luminosidad y la distancia, además de incrementar la ventilación.

 

2.4. Contaminación del aire

El aire suele contener agentes contaminantes gaseosos, como los óxidos de carbono (CO2), azufre (SO2) y ozono; también partículas sólidas, como pequeñas cantidades de metales de hollín, microorganismos y esporas en suspención en el polvo. Al depositarse sobre los objetos favorecen procesos corrosivos y de oxidación, proliferan las plagas debido a la presencia de los microorganismos y se producen manchas.

El control de la contaminación es especialmente importante en las zonas urbanas o industriales. Y para aislar los objetos de la contaminación se procederá a colocar filtros en todas las entradas y salidas de aire, además de purificadores de aire de carbono activo o bolsa de membrana de celulosa para la contaminación química.

En caso de que no sea posible contar con sistemas de aire acondicionado con filtros y sistemas purificadores de aire, el mejor sistema es el mantenimiento regular de los ambientes de exhibición y almacenamientos limpios y sin polvo.

 

2.5. Control de plagas

Los agentes biológicos como hongos, insectos, roedores, etc., pueden ocasionar daños serios y a veces irreparables a los objetos con soporte de papel.

Los hongos y mohos se desarrollan principalmente sobre materiales de carácter orgánico en condiciones preferiblemente de humedad y temperatura media, generalmente en la oscuridad y sin ventilación. Hay hongos que atacan la celulosa y la hemi celulosa del papel y son de color marrón; y otros atacan la lignina y son de color blanquecino. Algunos hongos producen sustancias tóxicas, como esporas que se asientan en el pulmón y producen neumonías. Por esa razón los objetos infectados deben manipularse empleando mascarillas y guantes y por personal especializado.

Los tratamientos contra hongos se basan principalmente hoy en día en la alteración de las condiciones climáticas. Como se sabe, el factor más importante para la germinación y crecimiento de los hongos es la humedad. Las humedades relativas altas (75 % o más) pueden hacer que las esporas germinen. Todos los hongos requieren humedad para crecer, producir enzimas y reproducirse, y los materiales orgánicos, como el papel, son higroscópicos y absorben humedad de los medios circundantes, creando el ambiente propicio para ellos.

Otro factor importante para que los hongos se desarrollen es la temperatura. La mayoría de los hongos específicos generalmente necesitan temperaturas cercanas a 29° C., aunque se conocen especies que pueden crecer a temperaturas más bajas e incluso mantenerse latentes en estados de congelación a temperaturas bajo cero –196° C., así como también los hay que necesitan temperaturas cercanas a los 40° C., y se matan por congelación.

Por otro lado, el papel desempañado por la luz en el crecimiento de los hongos no está bien definido aún. Se sabe que los hongos carecen de clorofila y por lo tanto la luz no es prescindible para su crecimiento, pero de igual forma existen especies diurnas, que detienen su crecimiento durante el día y lo aceleran por la noche, incluso se cree que en algunos la exposición a la luz ayuda a la producción de esporas. En lo que sí se está casi seguro es que la luz ultravioleta es perjudicial para la mayoría de las especies.

Ahora qué se debe hacer para inactivar los hongos. Ya que no podemos someter a los documentos a cambios extremos de temperaturas muy altas o muy bajas, o someterlos a radiaciones ultravioleta, la principal manera de atacarlos y controlarlos es la manipulación ambiental o método fungistático. La reducción de los niveles de humedad y el aumento en la circulación de aire inactiva y efectivamente elimina el crecimiento de los hongos. La inactivación cambiando el entorno ambiental es el mejor método. El secado, la limpieza y la corrección de las condiciones ambientales que ayudan en el crecimiento son consideradas hoy día como tratamiento suficiente. El empleo de métodos fungitóxicos (uso de sustancias químicas tóxicas), aplicadas tópicamente o por fumigación, ya no se consideran necesarios o apropiados, salvo en casos extremos de brotes muy serios.

El empleo de sustancias tóxicas como el pentaclorofenol, las sales de sodio y las cámaras de timol, no es empleado hoy día, además que algunas especies no son eliminadas eficientemente, por otro lado estos productos no dan protección residual y pueden ser perjudiciales al objeto y al que lo aplica.

Los materiales infectados deben limpiarse siempre en una campana de extracción de vapores, para reducir el esparcimiento de las esporas por otras áreas. Si no posee alguna campana, el material debería limpiarse en exteriores o en un área aislada cerrada que luego pueda limpiarse exhaustivamente. Deben emplearse en todo momento máscaras con filtro de partículas en aire de alta eficiencia (las máscaras para polvo no son adecuadas debido a que las esporas del hongo pueden pasar fácilmente a través de ellas) y vestimenta de protección, guantes desechables y lentes de protección. Si se emplean aspiradoras, éstas deben poseer filtros especiales.

Al trabajar el objeto en la campana de extracción, se pueden emplear pinceles de punta fina como los de acuarela, para eliminar el hongo de la superficie de los pasteles y otros medios frágiles; los pinceles se deben desinfectar frecuentemente con etanol. Los pinceles de pelo de conejo no deben emplearse en la remoción de hongos, solo para trabajos rutinarios de limpieza de polvo. El empleo de borradores en polvo para remover las esporas es también efectivo, pero debe tenerse en cuenta que muchos borradores contienen abrasivos y azufre y deben emplearse únicamente para este fin y no para los trabajos rutinarios de limpieza. Las boronas se deben eliminar debido a que están contaminadas con esporas.

Cuando los medios y el papel lo permiten, las áreas infectadas se pueden limpiar con un hisopo de algodón y una solución de etanol al que se le ha añadido un 20 % de agua.

En el caso de los ataques de insectos, se deben aislar los objetos (cajas de almacenaje, mobiliario, tablas de estanterías, etc.) infectados y aplicar fumigación o simplemente eliminarlos. Los documentos u obras deben ser aislados también colocarse en cámaras para ser fumigados, siempre y cuando los productos empleados no sean altamente tóxicos. En muchos casos es suficiente aislar el objeto en una cámara de plástico y reducir la cantidad de aire, eliminando la plaga por asfixia.

Para el control de roedores es suficiente el uso de trampas y venenos secos.

 

2.6. Manipulación y almacenaje

Muchos de los daños físicos ocurridos a los objetos suelen ocurrir por una mala manipulación y un mal sistema de almacenaje. A continuación se dan algunas relgas y normas para el manejo y almacenaje de los objetos:

Obras sin montar:

  • Las hojas deben ser levantadas por las esquinas contrarias para evitar las ondulaciones. No deben ser transportados largos trayectos de esta manera porque podrían dañarse por las corrientes de aire. Se debe evitar manipular de esta forma papeles muy friables o quebradizos. A estos se les debe deslizar cuidadosamente un cartón limpio por debajo.
  • Las obras deben mantenerse en todo momento planas y mirando hacia arriba.
  • Una vez levantada la obra, ésta debe ser colocada sobre un cartón limpio para su traslado.
  • Las obras de papel muy delgado o frágiles deben ser transportadas en portafolios o en cajas especiales, colocándolas entre dos láminas de cartón para que no se vuelen.
  • Debe tenerse especial cuidado con obras a carboncillo, paste, lápiz u otros medios fácilmente borrables.
  • No transportar ninguna obra enrollada. Si esto es inevitable, hágalo con la cara hacia fuera y con una hoja limpia forrando toda la superficie.
  • Las obras deben ser colocadas sobre superficies limpias y totalmente lisas. Es recomendable dejar un espacio de trabajo de por lo menos el doble del objeto para poder manipularlo y voltearlo si fuese necesario.
  • Las obras sin montar nunca deben ser apiladas, principalmente si son realizadas con materiales fácilmente borrables. Pero sui es inevitable se debe colocar una hoja de papel libre de ácido entre cada obra.
  • Las obras apiladas no deben moverse en conjunto. Si es necesario buscar una obra deben levantarse obra por obra creando una nueva pila.
  • Evite mantener las obras apiladas por más tiempo del necesario.
  • No coloque objetos sobre las pilas y cúbralas con una hoja grande para evitar que se llenen de polvo.
  • Nunca deslice una obra sobre otra. Levántela.

Los paneles sueltos deben ser almacenados horizontalmente en carpetas, planeras o cajas.

  • Deben emplearse materiales libres de ácidos en la elaboración de carpetas y cajas.
  • Las obras colocadas en carpetas no deben sobrepasar el tamaño de ésta.
  • Las obras deben ser colocadas en cajas de un tamaño adecuado a ellas para evitar que se doblen o deterioren. Si es posible, deben emplearse varias cajas, de acuerdo a los diferentes formatos de las obras.
  • No deben sobrecargarse de obras las cajas ni planeras, debido a que el peso puede producir daños.
  • Las obras de gran formato no deben cortarse o doblarse. Es preferible que sean enmarcadas y guardarlas verticalmente.

Obras montadas:

  • Siempre deben manipularse las obras por el pase-par-tout. Nunca toque la obra.
  • Debe mantenerse horizontal y cara arriba.
  • Es más seguro apilar obras montadas, pero de igual forma deben tenerse en cuanta las reglas aplicadas para obras sin montar.
  • Las obras apiladas deben ser trasladadas usando un carro de plataforma.
  • Deben apilarse obras de igual o similar formato o, de lo contrario, colocar las de mayor tamaño abajo y las pequeñas arriba.
  • Las obras montadas deben ser almacenadas en cajas o planeras y siempre en posición horizontal.

2.7. Recomendaciones generales

  • No fume mientras manipula obras de arte o documentos.
  • Evite comer, beber y fumar en las áreas de almacenaje y de trabajo.
  • Mantenga los ambientes limpios y sin polvo.
  • Maneje los objetos con guantes limpios. Mantenga sus manos limpias en todo momento, incluso usando guantes.
  • No haga movimientos bruscos e innecesarios cuando esté cerca de las obras.
  • Manipule las obras lo menos posible.
  • Usar solamente lápices de grafito al trabajar con las colecciones. No deben emplearse plumas debido a que podrían producir manchas.
  • Usar lápices de grafito Nº 2 si es necesario realizar anotaciones en el reverso de las obras. No colocar etiquetas autoadhesivas.
  • Si una obra se encuentra dañada, evite moverla. Consulte a un conservador si no sabe que hacer.
  • Nunca coloque obras directamente apoyadas en el suelo.
  • Si es posible elimine clips y ganchos metálicos que causen deterioro a las obras.

 

BIBLIOGRAFIA

  • BRANDI, Cesare. Teoría de la Restauración. Editorial Alianza. Madrid, 1988.
  • CALVO, Ana. Conservación y restauración. Materiales, técnicas y procedimientos. De la A a la Z. Ediciones del Serbal. Barcelona, 1997.
  • MACARRÓN Miguel, Ana y GONZALES MOZO, Ana. La conservación y la restauración del siglo XX. Editorial Tecnos. Madrid, 1998.
  • MORRISON, R. C. A hand book for paper conservation. Editorial Camberra, 1987

Revistas especializadas:

  • DIRECCIÓN GENERAL SECTORIAL DE MUSEOS. normativas técnicas para museos. CONAC. Caracas, 1994.
  • DUREAU, J. M. y CLEMENTS, D. W. G. Principios para la Preservación y Conservación de Materiales de Bibliotecas. Publicado en la revista CONSERVAPLAN. Documentos para conservar Nº 1. Editado por el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas. Caracas, 1987.
  • PERKINSON, Roy L. Conservación de Obras de Arte en Papel. Publicado en la revista CONSERVAPLAN. Documentos para conservar Nº 3. Editado por el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas. Caracas, 1987.
  • AMERICAN INSTITUTE CONSERVATION. Catalogo de conservación de papel, fascículo 2: Hongos. Publicado en la revista CONSERVAPLAN. Documentos para conservar Nº 14. Editado por el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas. Caracas, 1998.

Otros documentos:

  • ROWLINSON, Eric B. reglas para el manejo de obras de arte. Una publicación del Departamento de Registro del Museo de Arte Moderno de Nueva York.
  • VAN der REYDEN, Dianne. Paper Documents. Publicado en “Storage of Natural History Collecctions: a preventive cosnervation approach”. Volumen I. Carolyn L. Rose, Catharine A. Hawks y Hugh H. Genoways Editores, 1995.
  • Carta de Atenas, 1933.
  • Carta de Venecia, 1964.
  • Revolución de Santo Domingo, 1974.
  • Carta de Machu-Pichu, 1978.
  • Complementación de la Carta de Venecia, 1983.

Colaboración de:
Elena Parma
Las Técnicas Artísticas
Manuales Arte Cátedra
Madrid 1997 (9º Ed.) Págs 229-232

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