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Que llegue a maestros, educadores en general y a los padres de familia con niños en edad escolar.
 
 
Que llegue a maestros, educadores en general y a los padres de familia con niños en edad escolar.





Trabajo realizado por el

Dr. Alejandro E. Méndez Dávalos









En Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan la grafía.



En Francia aunque no quieren prescindir de ésta habilidad, el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros.



El mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología.



La pérdida de la habilidad de la escritura cursiva genera trastornos del aprendizaje que inciden en el desempeño escolar.



En la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite que el pensamiento fluya con armonía de la mente a la hoja de papel. Al ligar las letras con la línea, quien escribe vincula los pensamientos traduciéndolos en palabras.



En contraste, el escribir en letra de imprenta implica escindir lo que se piensa en letras, desprenderlo, anular el tiempo de la frase, interrumpir su ritmo y su respiración.



Aunque las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros.



Convendría educar a los niños para comprender que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable.

Los sistemas de escritura deberían convivir, precisamente por esa calidad que tiene la grafía de ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas.



Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado, en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo.



Humberto Eco afirma:



“Que la escritura cursiva exige componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito que la computadora no cumple.”.



En todo caso, la resistencia que ofrecen la pluma y el papel impone una lentitud reflexiva.



Como en tantos otros aspectos de la sociedad actual, surge aquí la centralidad del tiempo.



Un artículo reciente en la revista Time:



“Duelo por la muerte de la escritura a mano, señala que es ése un arte perdido, ya que, aunque los chicos lo aprenden con placer porque lo consideran un rito de pasaje, nuestro objetivo es expresar el pensamiento lo más rápidamente posible”.



Hemos abandonado la belleza por la velocidad, la artesanía por la eficiencia.



La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: dentro de un tiempo, no la podremos leer".



Abriendo una tímida ventana a la individualidad, aún firmamos a mano.



Por poco tiempo...









El autor es educador y ensayista.



Dr. Alejandro E. Méndez Dávalos



Neurocirujano Emérito de la Sociedad Mexicana de Cirugía Neurológica, A.C. No. 00081

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