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Billetes falso o verdaderos de 100 dolares
 
 
Falsos o verdaderos

El reciente caso de la presunta circulación de billetes falsos de 100 dólares y la forma en que fue superado motivan esta reflexión del autor, quien desde su experiencia en la industria gráfica califica como endebles los argumentos empleados para determinar la veracidad o no de los billetes cuestionados y se pregunta quién gana con toda esta incertidumbre



Por Fernando Navia





Los nueve datos para determinar la falsedad o autenticidad de los billetes de 100 dólares de la serie CB–B2 del año 2001 no son prueba irrefutable y no tienen ningún sentido práctico para las operaciones financieras.



Primero, para identificar las nueve diferencias entre un billete falso y otro verdadero será necesario utilizar un instrumento mecánico o digital (por ejemplo un cuenta hilos o un escáner) que amplifique los segmentos impresos a una escala de mínimo 10 a 1. Mientras mayor sea la escala de amplificación del segmento, mayores las posibilidades de identificación de la parte. Además, el instrumento de identificación tiene que ser fijo, para evitar distorsiones de las formas del billete, con el alejamiento y acercamiento, entre el segmento y el ojo, como sucede con las lupas, operación necesaria para encontrar la nitidez (foco visual).

Por otra parte, las lupas son insuficientes por su reducida capacidad de amplificación y la calidad focal del vidrio convexo.

Segundo, los nueve datos para calificar la diferencia entre un billete verdadero y otro falso no son datos, son expresiones o conceptos de aproximación subjetivos. Algunos de ellos señalan: “El arco en el centro superior de la ‘N’ está abierto en la falsificación (se observa una línea blanca) (...) el borde del poste es más delgado (...) un círculo blanco en esta esquina del reloj es menos notorio (...) las manecillas del reloj son más delgadas...”, etc.



Para unas personas será más abierto que para otras, más o menos delgado, más o menos notorio, etc., por lo tanto, no son datos concretos y exactos para calificar la autenticidad o falsedad de un billete. Para ser dato necesita ser cuantificado, tener un valor de medida preciso. La decisión dependerá de la experiencia perceptiva y subjetiva del observador para valorar una línea, un color, su tonalidad, etc.

Tercero, de los nueve datos, cuatro califican al billete falso como: “más nítido... más definido... más recta y delgada... y, más gruesa y pronunciada”, lo que connota que estas características son superiores en calidad respecto del billete verdadero, por lo tanto, de las nueve características se deben encontrar cinco detalles de mayor calidad en el billete verdadero y cuatro detalles de mayor calidad en el billete falso.



Cuarto, se deben observar los nueve datos en cada billete, lo que plantea un serio problema cuando se trate de transacciones que impliquen decenas o cientos de billetes, o cuando las personas no tengan la suficiente capacidad perceptiva para evidenciar la deformación de los billetes falsos. Las personas que más sufrirán serán las de edad avnzada y las que tengan menor capacidad y conocimiento visual.



Impresión de los billetes



Quinto, en la práctica profesional de la impresión, imprimir es depositar tinta en un soporte. La tinta de los billetes tiene un tipo de composición física y química cuya fabricación se reserva en secreto como un criterio de seguridad, algunas tintas son térmicas, ultravioletas, etc.



El papel es otro material de seguridad desde su fabricación, con fibras naturales o artificiales y que es solicitado por los gobiernos al fabricante y en el cual se incorpora una imagen (dependiendo del billete) que comúnmente se denomina sello de agua o imagen de agua y hay otros papeles que reaccionan al contacto con químicos, cambiando su tonalidad, por ejemplo.



Y el original, es decir el primer diseño único y exclusivo, de donde se obtendrán las copias posteriores, se lo elabora con determinadas características de forma y color que se guardan en secreto.



En el proceso de impresión, multiplicación o reproducción del sistema offset de los billetes se deposita más o menos tinta en el papel por la incidencia de varios factores en el propio proceso de reproducción, como el calibrado de la máquina, el agua, densidad de la tinta, desgaste de la plancha que transfiere la imagen al papel, etc., lo que provoca un nivel de variación difícil de cuantificar con precisión en una cantidad de pliegos o tiraje. El espectrodensitómetro es un instrumento que ayuda a medir



Estos factores hacen la diferencia entre un conjunto de billetes y otro, que nunca será idéntico, es suficiente una pequeña invasión de agua para que una línea se imprima más delgada.



Además, el uso de los billetes, por la fricción, hace que se reduzca constantemente la tinta en la superficie, igual que el papel, que reduce su peso. De ahí la evidente diferencia entre un billete nuevo y uno usado.



Los criterios de seguridad aplicados, no sólo en billetes sino en innumerables documentos de identificación en papel u otro soporte, aún hoy, con todo el avance de la tecnología y los conocimientos sobre reproducción e impresión, no han logrado ser un sistema cien por ciento fiable, seguro y funcional.

En los hechos concretos ningún billete es idéntico a otro. Es idéntico a sí mismo únicamente. Existe semejanza, parecido, alto grado de similitud (por ejemplo 99 por ciento de semejanza), pero nada más.



En última instancia, el cajero u otra autoridad del banco determinará la falsedad o autenticidad de determinados billetes desde su propia experiencia perceptiva y subjetiva y, como éste es poseedor de la autoridad, el usuario nada podrá hacer.



Conclusión



El hecho de que las autoridades bancarias hayan optado por liberar la circulación de estos billetes bajo su propia decisión, con el empleo de lupas, carece de todo sentido práctico (es ridículo) y el hecho de optar por la devolución del billete al usuario si el cajero duda de la autenticidad de éste, coloca al sistema financiero íntegro en incertidumbre porque no hay capacidad y seriedad para cuantificar la veracidad o autenticidad de los billetes en cuestión.



Finalmente, el criterio jurídico de la autoridad, que domina una buena parte de los discursos, será el que determine, en manos del que interpreta la ley, la veracidad o falsedad de tales billetes siendo perjudicados aquellos que sin culpa poseen los billetes falsos.



El problema parece ser otro. ¿Quiénes ganarán?

La Paz - Bolivia Edición de abril 17, 2005, Diario La Prensa


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